Hechos 1:8-9 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.”

Jesús les dijo a sus discípulos que se iba a ir, pero les prometió que no los dejaría solos (refiriéndose al Espíritu Santo) Esa frase produjo en ellos un deseo y un anhelo por lo que Dios iba a hacer.

Hechos 5:17-19 “Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. Más un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban.”

Los apóstoles tuvieron complicaciones, por su cargo tuvieron que enfrentar la adversidad que suponía ser siervo de Jesucristo. A pesar de las dificultades que los apóstoles enfrentaban, más allá de su cargo, su relación con Dios era fundamental. Por eso, nuestra relación con Dios es importante para que el cargo que podamos tener y todo lo que conlleva tenerlo, no nos destruya.

Cuando estamos en un lugar donde nos privan de nuestra libertad, como en una cárcel, los sentimientos y emociones se mezclan; viene la angustia y el temor; Sin embargo, cuando tenemos una relación con Jesús, las cárceles serán abiertas y veremos milagros en nuestras vidas.

A Pedro no le bastó con solo un encuentro con Jesús, así mismo, Dios no quiere que nos conformemos solo con el día en el que tuvimos un encuentro con Él, porque hay más que El quiere entregarnos para que nuestras vidas crezcan y se desarrollen.

Lucas 10:21-22 “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”

En base a esto existen tres principios que Dios nos revela para que crezcamos en nuestra vida espiritual:

1. Hablar en el nombre de Jesús: “Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida.”

Para Pedro y Juan, fue imposible acatar la orden del concilio de no hablar en el nombre de Jesús incluso en medio de la adversidad, en medio de esa situación adversa y difícil, obedecieron a Dios; por esto, la posición de un hombre de Dios es obedecer a Dios antes que a los hombres y de la misma manera, como hicieron los apóstoles, debemos hablar siempre en el nombre de Jesús.

Lo poderoso de hablar en el nombre de Jesús, es que permite romper la dureza del corazón en la gente para que tengan un encuentro con Dios.

2. La posición de Obediencia: Hechos 5:32 “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”

Obedecer, llevó a los discípulos de Jesús hasta la cárcel, los llevó a tener conflictos y diferencias con los concilios religiosos de la época. Sin embargo, obedecer también hizo que fueran llenos del Espíritu Santo, y que los ángeles abrieran la cárcel y milagros se manifestaran en aquel lugar. Así mismo nosotros debemos ser obedientes a Dios en nuestras vidas, en nuestro hogar y en nuestra relación con Dios, ya que la obediencia desata lo sobrenatural de Dios.

3. El deseo:

Debe haber un deseo porque ocurran milagros, debe haber un anhelo en nuestro corazón por ver señales y prodigios en nuestras vidas. Ese deseo te lleva a dar y a bendecir a otros y por ese deseo, aunque no tengas, él te proveerá para que bendigas a tu familia y hermanos en la fe.

Entonces, hablamos en el nombre de Jesús, obedecemos y por último deseamos que el Espíritu Santo se mueva en medio de la congregación, en medio de nuestras casas y familias; pero debemos empezar a buscar lo sobrenatural de Dios.