Cuando vamos a la iglesia, vamos al lugar donde podemos encontrar la presencia de Dios. Su presencia no es algo pequeño, es lo más grande que podremos tener. No podemos permitirnos realizar ningún tipo de servicio sin tener primeramente la presencia de Dios. Pues él conoce la necesidad de cada uno de nosotros, y es en medio de la alabanza de su pueblo cuando su presencia se derrama y habita entre nosotros.


1 Timoteo 1:3 “Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día”.Pablo estaba atravesando un complicado momento en su vida pues en su ministerio había sido abandonado por muchas personas que antes lo seguían, había fragilidad en Pablo y era esta la oportunidad ideal para que Dios usara su corazón. El enemigo siempre querrá que nos quedemos enredados en la religión, en la contienda y que nunca pasemos al evangelio de Jesús.


Pablo entendía que no estaba trabajando para él individualmente sino para toda una iglesia, para una nación entera que había decidido creer. La fe de Pablo se fortalecía en la oración y en el agradecimiento que tenía cada día y en nombre de quien actuaba: ¡JESÚS! Demos siempre gracias a Dios porque en medio de la escasez, en medio de los problemas, en medio de la vergüenza podemos clamar al cielo y obtener respuesta. Al Pablo clamar por Timoteo, estaba en una posición de dar; nunca debemos cesar nuestra oración por aquel que está a nuestro lado y por cada uno de nuestros hermanos. Pablo entendía el propósito que Timoteo tenía en la tierra y por eso clamaba al cielo por él.


Es en el clamor de la iglesia, es en la posición de oración que podemos bendecir a quien está a nuestro lado librando la misma batalla. Pablo entendía que todo lo que alcancemos en Jesús es por mera voluntad del Padre y es por esto que a Pablo lo sostuvo siempre el dar, sea de manera monetaria o sea de manera espiritual. El compromiso de Pablo no era con las circunstancias que lo rodeaban, que aparentemente eran importantes en ese entonces, Pablo entendía para quién estaba trabajando y entendía por quién estaba padeciendo o disfrutando.


Este no era el mejor momento en la vida y en el ministerio de Pablo pero aun así él daba gracias a Dios todos los días y clamaba por su hermano. Tal vez era su peor momento en la tierra pero su mayor victoria la estaba ganando en el cielo. Tal vez no es el mejor momento de Venezuela, en medio del conflicto más grande, de la mayor soledad, pero nuestra mayor victoria está en los cielos y lo que es desatado en los cielos así mismo será desatado en la tierra.

1 Timoteo 1:6 “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”. El Espíritu Santo nos aconseja que prestemos nuestro corazón para ser usados por él, que impulsemos nosotros mismos el avivamiento, que nos levantemos y nos sacudamos el polvo para avivar el fuego del don que está en nosotros. Pablo sabía en quien había creído, por eso entendía que no estaba solo, sabía quién lo podía instruir.


Debemos asumir la posición por la que hemos luchado, sobre esta iglesia hay un propósito y sobre Venezuela hay un propósito. Dios no ha puesto carga sobre este país que no pueda ser llevada por su iglesia. 1Timoteo 1:7 “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”