Debemos ser agradecidos con Dios por las cosas que recibimos el año pasado, sin embargo este nuevo año debemos prepararnos para recibir mejores cosas; lo bueno siempre será enemigo de lo mejor y no podemos conformarnos. Necesitamos girar en torno a lo que Dios requiere de nosotros, es por esto que no podemos excluir a la presencia de Dios en cada área de nuestras vidas, porque necesitamos que su voluntad sea nuestro motor. Debemos hacer un balance en nuestras vidas tanto de lo que está adentro como de lo que está en el exterior. Pidamos este año la revelación de lo que no hemos podido vencer o alcanzar, tracemos metas para terminar este año con victorias.
Si hicimos algo bueno el año pasado, ahora iremos por lo mejor; si llegamos conociendo los pies de Jesús, ahora iremos más profundo hasta conocer su rostro. No podemos estancarnos simplemente en una religión, debemos ir a una vida abundante aquí en la tierra y luego a una vida eterna. No podemos pensar en comenzar este nuevo año con métodos y técnicas del mundo. Dios le ha dado a su iglesia un sistema para que se desarrolle y avance, no solo monetaria o físicamente, sino en la predicación del evangelio, llevar la salvación a todo aquel que quiera recibir a Jesús. Debemos ser diligentes con lo que Dios requiere que hagamos, pero también debemos ser agradecidos con lo que nos ha dado, debemos siempre dar con un corazón lleno de agradecimiento y no siempre dar solo porque se espera recibir algo a cambio.


1era Corintios 16:1-4 “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo.”


El diezmo y la ofrenda se concentraban en la iglesia, donde te desenvuelves, donde sirves, tu congregación, allí debe estar tu ofrenda. El diezmo y la ofrenda giran en torno a la iglesia, no en enriquecer a una persona. Si queremos que la palabra de Dios sea llevada a todo lugar tenemos un sistema para multiplicar la obra de nuestras manos. Un miembro de la congregación que diezma y ofrenda sistemáticamente es una persona que crece espiritualmente. La mejor cura para el amor al dinero, que es el principio de todo mal es el diezmo y la ofrenda. El que reprende realmente al devorador es el Señor. Él puede guardar por encima de cualquier póliza nuestros bienes. Probadme ahora en esto dice el señor: Malaquías 3:10.


La ofrenda debe ser regular, no esperemos recolectar o amontonar una cantidad grande de dinero para poder dar, hagámoslo regularmente y así no caemos en tentación. La ofrenda es para toda persona, no solo es responsabilidad del que tiene. Todos los que se consideren hijos de Dios deben ofrendar. Todos tenemos capacidad de dar, pues la mayor ofrenda que resalta la biblia fue la de la viuda que dio todo lo que tenía. La ofrenda debe ser proporcional, aun en el antiguo testamento se ofrendaba con fe, antes de la ley de Moisés. La fidelidad de Dios nos sostendrá aun en medio de la crisis, nos mantendrá rebosantes, nos mantendrá llenos de gracia. La ofrenda se vigila cuidadosamente, se vigila y guarda. Hay puertas grandes que se abrirán este año, puertas de bendición.


Procuremos que todos los siervos podamos llevar la obra y el reino de los cielos con gratitud en paz y en gozo. Debemos establecer un principio de Dios en nuestras vidas. Una iglesia donde impera el amor y reina la paz de Cristo, donde se establece la fidelidad y la obediencia caminará en un 2016 diferente y lleno de victorias.