2da Corintios 1:3-4 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.

Todo padre anhela la honra de su hijo, y ¿cómo no honrar a ese Padre Celestial que nos ama, a ese padre que nos ha regalado un hogar, una familia, una vida eterna? Dios es un Dios de amor y misericordia, Él no permite que nos quedemos en el pasado, porque hay una esperanza en Jesús que viene a restituir nuestra posición para hacernos hoy, hijos de Dios.


Nuestro Padre no titubea cuando alguien se le acerca con un corazón sincero y humillado. Hoy Dios viene a decirnos que hay una oportunidad a pesar de los problemas y las peleas del ayer.


Hay una palabra de esperanza, de vida, las tribulaciones vienen a formar un carácter en nosotros, mas Jesús en medio de esa tormenta es la roca firme donde debemos estar cimentados, porque Él es nuestro consuelo y fortaleza. El Dios que está con nosotros es más grande que otros dioses, nuestro Dios es un Dios de amor y justicia.


Dios honra a todo aquel que escudriña y vive su palabra. Ante cualquier circunstancia vamos a creerle a Dios, Él debe estar siempre en nuestras vidas como el centro. El valor del sacrificio de Jesús y la esperanza de su resurrección deben marcar un antes y un después en nuestras vidas. Jesús va a levantar nuestra nación, a nuestra Iglesia, a nuestra Familia, así como lo ha prometido. El amanecer está cerca, el cambio está cerca.


Isaías 51:1-2 “Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué”.


Ese es nuestro Dios quien nos permite caminar cada día con esperanza, quien nos bendice y nos conforta. Dice nuestro Dios: De mí saldrá la Ley y mi justicia para luz de los pueblos. ¿Cómo no honrar a ese Padre que envío a su hijo a morir por nosotros? ¡Él viene a traernos paz y gozo, ese es nuestro Padre!