“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” Romanos 3:23-24.

La gracia de nuestro Dios viene siendo un favor inmerecido, no lo merecemos, pero el infinito amor de Dios sobre su creación sobrepasa nuestras fallas y errores. Todo pecado nos destituye del Padre, en pocas palabras nos separa de Él. Desde el principio de la creación, Dios sembró en cada uno de nosotros su bendición entregándonos así lo más preciado: Su Espíritu Santo.

Así como Dios en el inicio sembró gracia y santidad en nosotros por medio de su bendición, el pecado que entró en un solo hombre terminó por afectar la creación completa. Debemos entender que hay pecado en nosotros, el pecado está a la puerta. El mismo pecado sembrado por Satanás tiene como fin separarnos de Dios. No nos debe dar pena acepar que hay pecado en nosotros, pena debería darnos no hacer nada para cambiar esa condición. Pero no todo termina allí, por medio de Jesús tenemos libre acceso a su gracia, a su perdón y redención porque por Él somos justificados gratuitamente. Su gracia inmerecida terminó por romper el velo de pecado que arropaba a la humanidad. Su gracia es gratuita y es dada a igual cantidad a todos para ser valorada y no aprovechada.

Es gratis acercarnos a Cristo, no es por obras ni por las tantas cosas que hagamos, solo se necesita anhelar su presencia y buscar en todo momento su rostro.

“A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”. Romanos 3:25.

La justicia de Dios viene a redimir todo aquello que nos quiso condenar. Dios jamás desprecia un corazón rendido a él. Él siempre nos ha amado por lo que somos, siempre hemos sido sus hijos y como padre espera que en nosotros esté ese mismo sentir de amor y búsqueda hacia Él. Que la gracia de Dios sea gratuita no significa que sea barata y no nos da el derecho de pisotearla ni denigrarla porque tenerla es un tesoro e implica mantenernos cerca de Dios. Aceptar la gracia y vivir bajo la presencia de Dios es decisión nuestra. Caminar de la mano de Dios implica mantener nuestra fe en Él.

Pedirle a Dios que haga un cambio en nosotros amerita que nosotros mismos pongamos en marcha ese cambio. No dejemos que el pecado nos condene, pero tampoco dejemos que nos consuma. Acercarnos a la gracia de Dios es gratuito, pero implica determinación y valoración de nuestra parte. Nuestro mayor peso está en el ejemplo que demos. Cada enseñanza dictada por Jesús, venía cargada de su ejemplo. No es mercantilizar un evangelio sino mostrar la vida de Jesús. Un Dios que sí perdona, levanta, fortalece y que cambia vidas para siempre.