Génesis 1:26-28 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Cuando Dios creó al ser humano lo creo santo y libre, no conocía el pecado porque Dios lo había creado a su imagen y semejanza; le transfirió al hombre su moralidad, espiritualidad, carácter, justicia y perfección, y colocó a Adán y Eva en el mejor lugar del mundo. Ya conocemos esta historia donde el hombre perdió su libertad Espiritual a raíz del pecado. La serpiente astuta les convencía de que los limites que Dios le había establecido era porque no les amaba, el hecho de que Dios nos ponga límites no significa que no nos ama, sino que siempre desde el principio nos entregó libre albedrío, en el día a día estamos expuestos a hacer el bien o hacer el mal y siempre será nuestra decisión, pero tenemos que estar claros que cada decisión trae consigo una consecuencia.

Gen. 3:4-5 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Aquí tenemos las promesas de Satanás a la humanidad.

El día que el hombre desobedeció a Dios, perdió su libertad a través de la desobediencia, satanás no ha cambiado su estrategia, sigue utilizando las mismas mentiras solo que en diferentes escenarios. Dios había establecido que el hombre que pecare moriría, el límite era que para permanecer bendecido había que obedecer a Dios y a sus principios. Todo lo que conlleva a desobedecer a Dios viene de satanás, él sabe que le queda poco tiempo, tenemos que ser apercibidos, él usa siempre el mismo argumento y tienta con el mismo pensamiento que lo llevó a ser expulsado del cielo, el querer ser igual a Dios sabiendo el bien y el mal, una cosa es conocer el mal sin participar de ello y otra es conocer el mal por participación, esto no se lo dijo satanás a la mujer.

Las tentaciones de Satanás son siempre las mismas, usa el deseo de los ojos, el deseo de la carne y la vanagloria de la vida. Así hizo con Eva en el jardín del Edén cuando comió del fruto prohibido, y la llevó a desobedecer a Dios:

1. "y vio... bueno para comer"; "Los deseos de la carne".

2. "agradable a los ojos"; "Los deseos de los ojos".

3. "Codiciable para alcanzar sabiduría"; "La vanagloria de la vida".

Las personas que están dañadas por el pecado siempre buscan atraer y dañar a otros, cuando Eva cayo en la tentación se convirtió en tentadora conminando a su marido a pecar tambien. La caída de Adán afectó a la humanidad, esa herencia de pecado se transfirió a la raza humana. La tendencia de nuestra carne siempre va ser pecar y cuando el pecado toca daña todo. Todos fuimos predestinados para ser santos, salvos y sanos; pero todo depende de las decisiones que tomemos. Dios ama a su creación, pero no puede compartir su pecado, cuando el pecado entro a la raza humana perdimos la vida eterna, la comunión y cercanía con Dios, la paz; al perder la santidad, sanidad y salvación, no había más opciones era evidente que necesitábamos un salvador.

Dios siempre quiso crear un pueblo santo y creo leyes pero nunca se cumplieron por completo a causa de la naturaleza pecaminosa del hombre. Dios se movió a través de los profetas, de los reyes, quiso separar un pueblo para él, que estuviera bajo sus principios y sus leyes, pasamos por los patriarcas, desde Abraham y llegamos Malaquías, y luego 400 años de silencio. Aparentemente no pasaba nada pero, a partir del evangelio de mateo vemos que irrumpe Jesús en la historia de la humanidad.

Dios siempre tiene un plan, en el silencio Dios está trabajando, su plan contemplaba que el mismo Dios en la persona de su Hijo vendría a la tierra a cumplir las leyes en sí mismo, ya estaba escrito que la paga del pecado era la muerte, cada vez que pecamos se genera una deuda, pero Jesús vino a pagar esa deuda, vino a quitar la separación que había entre Dios y el hombre, mediante la cruz, y mediante su sangre.

Efesios 2:14-16 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Él tomo nuestro lugar y pago la deuda de santidad que debíamos, pago la deuda de pecado y desobediencia que teníamos. Todo lo que nos había separado de Dios por el pecado, ahora había sido resuelto por el sacrificio de Jesús y nosotros quedamos libres para nuevamente tener comunión con el Padre y se restableció la relación personal que tenía Adán desde un principio. Tan grande fue el amor de Dios que entrego a su único hijo, su esencia lo más preciado para que todos los que creyéramos en ese sacrificio fuésemos hechos hijos de El nuevamente y ser salvos eternamente.

Cuando tú crees, das todo por lo que amas, la salvación está disponible para todos, pero solo la alcanzaremos decidiendo por Jesús, él nos sigue dando libre albedrío dándonos libertad, al ser libre del pasado, del temor, de la enfermedad. Tenemos que ser agradecidos con Dios, él nos salvó, él nos perdonó, él nos amó primero.

2 corintios 5:17 De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Dios proveyó un plan, lo ejecutó a través de Jesús y nosotros al momento de recibirlo, recuperamos nuestra herencia espiritual. Jesús se aseguró de que no estaríamos solos.

Juan 16: 7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré”.

Cuando Jesús hablaba de la venida del Espíritu Santo, la llamaba “la Promesa del Padre”. Se trataba por tanto de un compromiso de Dios con los hombres. Jesús había venido a traer una Nueva Vida, pero ésta no se podía vivir sin un Espíritu Nuevo y un Corazón Nuevo, Dios cumpliría su Promesa hecha antes a través de los profetas Ezequiel y Jeremías.

Ezequiel 11, 19-20 “Yo les daré un solo corazón y les daré un Espíritu Nuevo, quitaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica y así sean mi pueblo y yo sea su Dios”.

La obra de salvación no consiste nada más en ser perdonados de nuestros pecados, sino en la transformación de nuestro corazón en un corazón como el de Jesús. El Espíritu Santo vino a vivir en el ser humano para mantenernos santos, no hay forma que dejemos de pecar sin el Espíritu Santo. Él garantiza la santidad que Cristo pago por nosotros en la cruz del calvario. Él es quien nos capacita para vivir la vida de fe, de amor y servicio de acuerdo a la voluntad de Dios. El Espíritu Santo es el “depósito,” el “sello,” y la “garantía” en los corazones de los cristianos.

Efesios 1:13-14; En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Debido a que el Espíritu nos ha sellado, estamos seguros de nuestra salvación. Nadie puede romper el sello de Dios. A través del don del Espíritu, Dios nos renueva y santifica. Él produce en nuestros corazones esos sentimientos, esperanzas y deseos que son la evidencia de que somos aceptados por Dios y produce el deseo de querer serle fiel a Dios.

Dios nos concede Su Espíritu Santo como garantía de la promesa de que somos Suyos para siempre y que seremos guardados hasta el último día. Él me revela a Jesús y cuando viene la tentación nos ayuda a resistir y a discernir esa voz que nos quiere hacer caer. La santidad es de adentro hacia afuera y nace con una decisión. El Espíritu Santo trae esperanza para poder cumplir nuestros sueños. No somos una generación escapista, somos una generación que se prepara la venida de Cristo.

Gálatas 5:22-23 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

El Espíritu Santo produce en nosotros sus frutos, que nos sean agradables los principios y mandamientos de Dios, produce alegría de hacer la voluntad de Dios, pasión por la oración y la adoración, el amor por su pueblo, pasión por el evangelismo, pasión por ayudar al necesitado. Estas cosas son la evidencia de que el Espíritu Santo ha renovado nuestros corazones. Debido a esto podemos vivir gozosos, confiados que nuestro futuro está asegurado, él es la garantía de mi herencia espiritual.