Dios en el principio comenzó a separar su creación y le dio un propósito específico a todo lo que creaba. Él ordenaba y la tierra obedecía sus palabras.

“E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que señoreara en el día, y la lumbrera menor para que señoreara en la noche; e hizo también las estrellas. Las puso Dios en el firmamento de los cielos para alumbrar toda la tierra. Señorear en el día y en la noche y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno”. Génesis 1:16-18.

Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Dentro de todas las bestias, aves y demás especies que habitaban a su alrededor, solo le dio al hombre posición y poder sobre la misma tierra.

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Génesis 1:26

A través de este mensaje, Dios resalta la importancia y el valor que tenemos para Él, tanto como su creación y como sus hijos. Los problemas, dificultades y errores que podamos tener no son más grandes que Él, no es lo que marca nuestras vidas ni mucho menos lo que nos representa como persona. Solo Dios por medio de su hijo Jesús, posó sobre cada uno de nosotros su poder para vencer.

Dios nos dio la autoridad para derribar todo lo que se levante contra nosotros. Muchas veces nos ahogamos pensando más en el problema, en la crisis o en el pecado y olvidamos el poder y la posición de victoria que tenemos por medio de Él. Todo lo que posee valor es probado. Jesús estando en el desierto, fue tentado en cada área por Satanás, solo la posición de obediencia y amor hacia su Padre lo llevó a pasar el desierto y a salir victorioso. Cuando estamos atravesando un desierto esperamos ansiosos escuchar la voz de Dios, muchas veces será Satanás el que nos hable para confundirnos, desviarnos y hundirnos. Es allí donde más firmes debemos estar.

Dios aborrece que el hombre quiera enseñorearse de los demás hombres. No podemos seguir siendo personas que solo piensan en sí mismas, pensando que la verdad la tenemos en nuestras manos y que solo por tener posesiones y mantener un alto estatus lo tenemos todo; terminamos por caer en avaricia y egoísmo. Muchos venden su primogenitura por zacear una necesidad, incluso, venden los principios, valores y propósitos que el mismo Dios les entregó. Satanás le ofreció a Jesús riquezas, poderío y naciones estando en el desierto más Él se paró firme y le recordó que al Dios que Él le sirve está por encima de todas las cosas que le ofrecía. Satanás solo ofrece un fragmento y migajas. Nosotros fuimos creados y llamados a conquistar no a conformarnos. Fuimos apartados de las tinieblas para llenar la tierra de luz. Caminemos firmes y confiados en Jesús, seremos probados para luego ser aprobados en el Reino de los Cielos. No hay tiempo para desmayar o querer retroceder, el Reino de los Cielos cuenta con su iglesia.