2 Corintios 4:8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos.

En diferentes circunstancias de la vida va a estar presente la angustia, es allí cuando las personas tienden a perecer por falta de conocimiento, olvidando que Dios nos delegó un compromiso, y su vez nos dio autoridad para superar cualquier episodio de angustia que quiera venir a quitarnos la paz que ya Dios nos ha entregado.

Nahúm 1:7 Bueno es Jehová, es fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en Él confían.

Todas las personas creyentes en Jesús deben creer y entender que Dios es bueno, anhelando y confiando cada día en Él, incluso cuando venga la angustia a intentar robar la esperanza y la fe. Por ello, ningún creyente puede permitir que la angustia le arrope, puesto que Dios ha derramado sobre cada persona un espíritu de valentía.

Salmos 18:1-9 Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos. Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.

Dios siempre responde en medio de la angustia, sobre todo cuando hayamos puesto nuestra confianza plenamente en Él. Jamás Dios querrá vernos en derrota, aflicción ni mucho menos afligido frente a enemigos o personas adversas.

Salmos 18:20-21 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado. Porque yo he guardado los caminos de Jehová, y no me aparté impíamente de mi Dios.

Dios es bueno, real, digno. La justicia de Jehová viene y como hombres debemos reconocer nuestra responsabilidad.

Isaias 53-5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Jesús en esa situación de angustia más grande, clamó al Padre; él sabía lo que tenía que hacer y a quien acudir. Por esta razón Jesús aunque podía sanar enfermos, multiplicar panes y peces, o realizar cualquier milagro, prefirió orar. Él sabía que estando en oración su Padre respondería.

Dios nos ama sin condición y a todos por igual; en ese sacrificio su hijo Jesús estaba salvando su creación. Jesús hoy día está sentado a la diestra de Dios padre intercediendo por cada uno de nosotros.

Dios hizo un pacto y lo selló con su hijo Jesús, quien llevó todas nuestras angustias y todas nuestras cargas en la cruz.