“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. Lucas 18:9-14

Jesús es propicio para cada hijo de Dios, propicio significa: apropiado, adecuado, oportuno. Entendiendo esto podemos decir que Jesús es oportuno para nuestras vidas, cuando esto es revelado a cada corazón entonces viene una sincera humillación delante de Dios y para que haya una real humillación delante de Dios es necesario que exista un verdadero arrepentimiento delante del, no importando la cultura o procedencia de la persona.

Dios busca un arrepentimiento genuino de sus hijos, existe un Padre en los cielos que no es un Dios lejano, ni ambiguo a su palabra, sino que cumple su palabra y revierte toda maldición en todo corazón que ha determinado cambiar. Por ello la creación anhela la manifestación de los hijos de Dios, que la iglesia de Jesús despierte, se levante, apartando todo temor y tome la autoridad que se le fue entregada para establecer el reino de Dios en la tierra.

¿Por qué Jesús es propicio para mi vida y no para mi problema?

El problema o circunstancia que puedas estar pasando es solo un instante, en cambio tu vida encierra todo y no se limita a un momento, aun cuando la vida termina con la muerte para poder estar una eternidad con Jesús, el sigue y seguirá siendo oportuno.

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” 2 Corintios 5:21.

Aun en su momento más difícil Jesús clamaba al Padre, él sabía que cuando fuera crucificado cargando todo el pecado de la humanidad, estaría sin el Padre pero cumpliendo su voluntad, para que hoy pudiéramos tener parte con él. Jesús es propicio para ese pecado original que adquirimos desde que Adán pecó.

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Lucas 18:9-14

Jesús nos enseña la necesidad de orar sin cesar, para no desmayar, ni resbalar. Dios es un Dios justo, y el hará justicia a sus escogidos que claman de día y de noche, por un cambio en su familia, en su trabajo, en su iglesia, en su país, él está atento a la oración de su pueblo. Cobrad animo pues el hará justicia en nuestro país. Jesús es nuestro abogado delante del Padre, Él es la propiciación por nuestros pecados y no solo por los nuestros sino por los de toda la humanidad, por eso es la importancia de no dejar de congregarse, sino más bien juntos en unidad, como iglesia clamemos por la salvación del mundo. El que clama a Dios a través de del único abogado, Jesús, recibirá justicia y será justificado por él.

La justicia y el amor de Dios tienen que llegar a cárceles, colegios, clínicas e instituciones porque Dios ama a la gente y su voluntad es que su pueblo sea canal para que ese amor sea derramado. Clama a Dios y el enviara su provisión para suplir tu necesidad y para dar al necesitado. El Espíritu Santo nos muestra lo oculto y vergonzoso que hay en nosotros, no para señalarnos, sino para que nos podamos arrepentirnos de corazón y ser limpios.

Jesús es propicio para mi restauración, para vaciar esta vasija de todo lo malo y poder ser llenos de su justicia, de su amor y en el momento de partir de este mundo poder transcender a una gloria entera con él.