Debemos permitir que Jesús ocupe en nuestra vida el lugar que le corresponde, llenando cada uno de nuestros vacíos. Debe haber autoridad absoluta en nosotros, debemos vivir y sentir a Jesús en nuestra mente y en nuestro corazón. No permitamos que la incredulidad venza cada una de las etapas de nuestra vida, creamos siempre que es Jesús el único capaz de amarnos, salvarnos y llenar el vacío de nuestras vidas.


Mateo 13:58 “Por lo tanto, hizo solo unos pocos milagros allí debido a la incredulidad de ellos”.


Que sea Jesús quien venga a suplir cada una de tus carencias, no acudas a otro para que te ayude o te cambie, corre a los pies de Jesús y no permitas que nada sea obstáculo para tus triunfos y para tus sueños.


Aun cuando en Adán había un sueño, tenía un anhelo por alguien que se pareciera a él, es peligroso cuando ese sueño ocupa el lugar que Jesús debe ocupar en nuestras vidas, porque el enemigo viene a corromper lo que Dios ha puesto en nuestras manos y se daña nuestro propósito. Cuando te ocupas solo de tus sueños, de los que estás logrando o de lo que estás alcanzando dejas de tener intimidad con Dios.


Mateo 27:3 “Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, 4 diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!”.


Judas pecó traicionando a Jesús pero cuando se arrepintió no corrió al lugar correcto que eran los pies de Jesús, corrió a quien pensó que lo podría ayudar y terminó acabando con su vida. Judas conocía a Jesús, había caminado con él y había escuchado su palabra. La única garantía de que puedas sostenerte es que en medio de la prueba corras a los pies de Jesús arrepentido de todo corazón. Dejemos de correr al lugar oculto y secreto donde pensamos que serán llenos todos nuestros vacíos, sin pensar que eso es temporal y momentáneo, esto solo nos trae un amanecer de angustia.
Necesitamos que sea Jesús quien supla nuestra incapacidad.


Hechos 9:1-6 “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al Sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallaba algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajera presos a Jerusalén. Pero, yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente lo rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? El Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que debes hacer.


La historia de Saulo nos muestra que un solo encuentro con Jesús puede transformar nuestras vidas, cambiarnos por completo, llenar todos nuestros vacíos.Jesús es quien nos da la fortaleza y la determinación para nunca más volver atrás, para no seguir haciendo lo que antes hacíamos que no agradaba su corazón. Muchos necesitamos hoy dejar de correr a la posición errada, a la tentación, al engaño, para correr a los pies de Jesús con un corazón dispuesto a que se él llenándolo por completo. No hay hombre que acercándose a Jesús con un corazón sincero pueda resistirse a la transformación de Jesús en su vida.