Romanos 5:1-2 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”.

Como hijos de Dios es necesario entender la magnitud del amor de Cristo para aprender a caminar como él, así como para poder amar, bendecir y decir que amamos a nuestra familia, trabajo y país, también es indispensable saber que fuimos producto de la creación de Dios, que Él nos soñó, nos engendró y pensó en cada uno antes de la fundación del mundo, no fuimos casualidad sino más bien parte de su plan.

La paz de Dios no es por medio de creencias y ritos religiosos, el hombre siempre ha buscado la forma de acercarse a Dios sea por obras u alguna otra forma, pero realmente la forma de acercarse a Dios es a través de Jesús, de su sacrificio, gracias a Él, tenemos libre acceso a su presencia, simplemente es gracia, un regalo que solo se recibe por la fe en Jesús, él es el principio, el fundamento en todo, por eso es vital estar firme en esa fe y creer que realmente nos hizo nueva criatura, que las cosas viejas pasaron, he aquí Él las ha hecho todas nuevas.

El propósito de la crucifixión de Jesús fue poder reconciliar al mundo con Dios, cada sufrimiento, cada oprobio, demostrando que venció la muerte para que hoy podamos adorar, exaltar y proclamar su nombre. No es tiempo de perder el tiempo en discusiones y peleas, sino de ser radicales en tener fe en el Dios que todo lo puede.

Romanos 5:3-5 “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.

La esperanza en Cristo nunca defrauda al contrario al reconocer a Jesús como único y suficiente salvador, tenemos la promesa del Espíritu Santo que nos guía a toda verdad, sabiendo que en un corazón cerrado, endurecido no puede habitar su Santo Espíritu.

Jesús no fue santo por su sacrificio, Jesús ya era santo y demostró que tenía fuerzas y esperanza en su Padre, sabiendo que venía a morir para Él nunca fue perdida y derrota sino más bien ganancia para que el corazón del hombre sea lleno de su amor y fidelidad, con la esperanza de que mayor es Dios antes que cualquier circunstancia, crisis o adversidad que se pueda estar presentando en cada vida.

Entendiendo esto que si antes siendo pecadores, estando enemistados con Él, aun con todos los errores que se puedan tener, Jesús murió por amor para que hoy podamos ser constituidos hijos de Dios, para que la humanidad pueda correr a sus pies, poniendo la mirada en el autor y consumador de la fe, prometiendo derramar de su amor en cada corazón que haya decidido seguirlo, reconciliando al mundo con Dios.

2 Corintios 5:14-15 “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos son muertos; Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, más para aquel que murió y resucitó por ello”.

Nada es motivo de gloria sin Jesús, en todo lo bueno que se pueda hacer es necesario que Cristo este presente, que sea el centro de todo, que no sea el ego ni el orgullo quien gobierne, porque todo lo que se haga sin Jesús no importa cuán extraordinario y majestuoso sea, sin Él no sirve.

2 Corintios 5:19 “Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo así, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación.”

Jesús no nos encargó maldecir y juzgar, sino reconciliar al hombre con Dios a través de la fe en Él, como resultado van a venir buenas obras, siempre y cuando busquemos su voluntad. La voluntad del Padre es que lleguemos a ser Jesús, andando en obediencia, aprendiendo a amar como Él amó, imitando su carácter, solo se puede decir que realmente se ama cuando se muestra el amor de Cristo, cuando ese amor es revelado nos va llenando de esperanza y vida eterna.