El más poderoso principio en toda la biblia fue expresado a través de Jesús al decir que Él era el único camino, que en Él había vida al igual que esperanza y salvación. San Juan 11:25-26 “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”.

En medio de una nación desolada Jesús se levanta y le dice a su pueblo: “Yo soy el único capaz de resucitar tus sueños”. Una palabra de Jesús es lo que necesita nuestra nación, por eso debemos clamar para recibir su revelación. No importa cómo pasemos el día, si vamos al altar con humildad y anhelo su palabra se nos revelará.


Santiago 2:14-17 “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarlo? Y si un hermano o una hermana están desnudos y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, está completamente muerta”.


La fe de nuestros labios debe estar respaldada por obras de cambio y de corazón. Las obras materializan la fe que profesamos, aunque no solo es hacer obras con una fe errada sino una cimentada en Jesús. No permitamos que nadie desarraigue de nuestro corazón y de nuestro día a día la fe que tenemos en Jesús.


Muchos buscan a Dios por el camino incorrecto, es por eso que debemos predicar el único camino, la verdad y la vida que se encuentra solo en Jesús. Él es el único que dividió la historia en dos, resucitó de los muertos cuyos huesos no se reposan en una tumba sino que vive en el corazón de todo aquel que le abre las puertas. Por eso, está en nosotros alimentar, avivar y sostener la fe que tenemos en Jesús. Tener fe en Jesús es dejar atrás todos los días nuestro pasado, nuestra actitud de no avanzar y alejarnos del pecado para ahora permitirnos ser diferentes en Jesús, marcar la diferencia dentro de una sociedad y mostrar los cambios que solo Él puede hacer. Lo que realmente le da vida a nuestro cuerpo es nuestro espíritu y las obras son las que le dan fuerza a nuestra fe.


No se trata de reaccionar sino de accionar en la fe. Que seamos un instrumento para sembrar a Jesús en cada lugar que vayamos. Esto traerá avivamiento y manifestará sobre Venezuela abundancia.