Hay una tendencia de tener un mentor para poder llevar y mantener una vida espiritual. En todo momento, como seres humanos, caemos en la necesidad de tener a alguien que nos guíe, que nos brinde un ejemplo. En la vida espiritual, también es inherente tener a quien seguir, alguien digno de imitación. El apóstol Pablo entendió en medio de la predicación del evangelio, que lo que él hiciera bien o mal iba a ser imitado, que ahora él sería un ejemplo para muchos. Le recalcaba al pueblo de Dios que imitaran de él lo que él imitaba de Jesús, en una posición de sabiduría, le hacía ver al pueblo que el verdadero mentor es Jesús.


Si tenemos de mentor al amigo que nos trajo a la iglesia, al pastor o a nuestros padres, podríamos caer en cualquier momento en una posición de idolatría. Jesús nos utiliza como canal para que seamos de ayuda a otros, depende de nosotros entender que es Él quien debe ser mostrado; entendiendo que somos sus siervos, buscando que aquellos que nos siguen se enamoren y sigan a Jesús y no que se enamoren de nosotros. Si nuestro centro no es Jesucristo caeríamos en la posición de estar fuera de su cobertura y de su propósito.


Si no permitimos que Jesús nos dirija, nuestros frutos no serán buenos. “Mateo 7:16-17 “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos”. Muchas veces daremos malos frutos, pero si internalizamos que Jesús no vino a condenarnos, podremos ahora agarrar todos esos malos frutos y llevarlos a sus pies, dejando que Él con su sangre nos limpie, nos levante y así ser conocidos como un buen árbol que da buenos frutos.


Así como hay malos frutos, también hay frutos buenos que Jesús va a explotar y hacernos ver. Son los buenos frutos que demos a conocer los que cambiarán una nación, ya que la mirada de los venezolanos ahora no estará en un gobernante sino en Jesús, el único y suficiente salvador, que perdona, levanta y restaura.


Mateo 7:15 “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”. Aquellos que se visten de ovejas viven de una apariencia de piedad y de religión, llevando al pueblo a depender de ellos y a la vez van dañando el Evangelio de Jesús, enredando al pueblo y desviando su camino. Satanás usa a aquellos que se dejan usar para enlodar todo lo que se hace para Jesús. Los lobos dentro de la iglesia solo buscan dañar y tergiversar el mensaje y ejemplo de Jesús. Hay lobos y ovejas que tocarán nuestra puerta, nos toca a nosotros con Jesús de mentor, reconocer con qué intención vienen esas personas. Es tiempo de dejar que sea Jesús quien gobierne nuestra vida y nuestra iglesia, que sea Él el único centro y el único mentor.