Gálatas 5:22 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. No nos preocupemos si es por causa de Jesús que nos vituperan o que nos critican, porque Jesús ya venció al mundo que está contra nosotros; entonces ¿a qué nos vamos a aferrar? Los frutos del Espíritu son los más necesarios para resistir la prueba y salir más que vencedores de cualquier tribulación. Los frutos siempre hablarán más de nosotros que cualquier otra cosa, si somos pastores ¿a quién pastoreamos?, si somos siervos ¿a quién servimos? Para poder recibir los frutos del Espíritu debemos andar en el Espíritu, sumidos diariamente en la voluntad de Dios, en lo que Él haría ya que diariamente tendremos pruebas.

Muchas veces queremos vivir bien y alcanzar grandes metas, pero descuidamos lo que Dios nos ha entregado, tendemos a olvidar a la gente que Dios nos puso cerca. Muchas veces son permitidas ciertas situaciones para que abramos los ojos y comencemos a amar, que seamos cambiados para poder hablar de cambio a otras personas.Estar bajo la dirección de Dios significa caminar en su palabra, conocerla, pedir cada día a Jesús que nos ayude a ser diferentes y en medio del clamor Él se manifiesta. Es muy fácil amar a quien nos sirve o a quien nos trata bien pero debemos entender que como siervos de Jesús hay que ir una milla más y amar también a quien nos odia y a quien nos hace daño.


Hebreos 13:15 “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”. Debe ser manifiesta nuestra alabanza en todo momento y en todo lugar. Cristo viene al corazón de las personas a cambiar el sistema del mundo que se ha creado ahí. Cuando abrimos nuestros labios es cuando reconocemos que servimos a un Dios vivo.


Romanos 6:22 “Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna”. Debemos tener una vida santa, cuando le hablamos a alguien de Jesús expresamos que entendemos el sacrificio que Él hizo en la cruz por nosotros. Debemos entender también que fuimos juntamente crucificados con Cristo y que nuestra vieja criatura murió allí. No podemos volver a la vieja posición sino entender la nueva que Jesús tiene ahora para nosotros, sentados en lugares celestiales. No necesitamos las viejas obras, lo que antes nos hacía sentir bien porque ahora tenemos a Jesús, es la posición más alta y más digna. Santidad es morir al viejo hombre y buscar a Jesús.


Entonces, allí serán manifiestas las buenas obras. Colosenses 1:10 “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios”. Dios anhela ver nuestros frutos agradables hacia Él y no solamente las buenas obras que podríamos hacer. Hacer buenas obras, como por ejemplo el Evangelio Cambia, no nos libra de dar buenos frutos personales como siervos de Jesús. Siempre hay que correr al trono de la gracia y buscar el favor de Dios para cada cosa que vayamos a hacer. Alguien entendido de los frutos que debe dar sabe que él mismo es capaz de ser usado por Dios en cualquier lugar para mostrar a Jesús, bien sea para hablar de su palabra o para orar por alguien.


Al final de todo esto, el propósito más grande es ganar almas para Jesús. Romanos 1:13-15. Esta es la razón por la que Dios nos pide cada cosa, no solo para cambiar una persona, una iglesia sino también para cambiar a un país y llevarlo hasta su presencia. Muchas cosas en la tierra son importantes, pero con un corazón rendido a Jesús ninguna añadidura podrá sacarnos de su propósito y de la vida eterna que ganamos. ¡Jesús nunca nos va a fallar! si él nos llamó, él nos va a sostener hasta que venga por nosotros.