Jesús no tuvo confusión al obedecer al Padre a favor nuestro, la obediencia de Jesús siempre estuvo cargada de amor. Es nuestra decisión hacer o no la voluntad de Dios, si nuestra decisión es hacer su voluntad debe estar cargada primeramente de amor, porque si no conlleva amor su tiempo de duración será muy corto.

1 Juan 2:7-9 “Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra. El que dice que está en luz, y aborrece a su hermano, el tal aún está en tinieblas todavía”.

Cuando Jesús llega a nuestras vidas comienza a sacar todo lo viejo que había en nosotros, y esos mandamientos antiguos que nunca pudimos obedecer, ahora en Cristo, El los hace nuevos para que ahora llenos de su palabra, de su amor, podamos obedecerlos sinceramente.

Levítico 19:17-18 “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová”.

Desde el principio Dios estableció sus estatutos y mandamientos. Ahora en Jesús se hacen nuevos para que con revelación podamos cumplirlos. El principio del amor es dar. El que no ama no da, solo espera recibir de los demás. Busca primeramente el reino de los cielos y todo lo demás será añadido, aprovechemos la oportunidad de amar. La humanidad de las personas no siempre nos va agradar, cuando se habla de humanidad, no se refiere al pecado, sino a defectos y formas de ser; nunca debemos agradarnos del pecado de los demás.

Como podemos amar a Dios que no le vemos y no amar a nuestro hermano que siempre vemos, no es que debemos amar su pecado, sino saber exhortar con amor. Vivir el evangelio es manifestar el amor de Cristo desde un abrazo hasta una reprensión. Todo debe tener un equilibrio, cuando damos una reprensión con amor tarde que temprano dará su fruto , la palabra de Dios nunca vuelve atrás vacía.

1 Juan 2:10“El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo”.

Nos conviene hacer manifiesto el amor de Dios a nuestro prójimo para no tener tropiezo. Si hay alguna falta en nosotros es necesario arrepentirnos y no volver a cometer esa falta, o si sabemos que hemos pecado contra algún hermano es necesario pedir perdón, reconciliarnos. El amarnos los unos a los otros es entender nuestra posición y también la posición del hermano, sin avergonzar, ni tapar el pecado, buscando la perfección en santidad. Debemos anhelar cada día la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, él nos ayuda a amar a nuestro hermano aunque no nos agrade su personalidad.

¿Cómo Satanás roba nuestra identidad como hijos de Dios?

1. Derrotando la confianza en Dios.

Mateo 4:1-4“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Satanás nos viene a tentar para que nosotros perdamos lo que el perdió, y no disfrutemos de lo que el ya no puede disfrutar. Su principal objetivo era derrocar la confianza que Jesús tenía en su Padre y así retar su poder. Si nos mantenemos solo en lo terrenal y dejamos de sintonizarnos con lo que Dios tiene para nosotros, nos olvidamos rápido de donde Dios nos sacó, perdiendo así la confianza en él, e incapacitándonos para recibir lo que Dios desde la fundación del mundo ya ha predestinado para nosotros.

2. Haciéndonos retar a Dios

Mateo 4:5-7 “Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”.

Tenemos que ocuparnos de agradar a Dios, porque por más que nos afanemos, nunca podremos agradar a todos los hombres. Honremos a Dios y él nos va a honrar. Busquemos brindar amor, paz; busquemos bendecir y soltemos toda carga que nos detiene y no nos deja avanzar. Dios nos quiere bendecir.

3. Llevándonos a adorar al mundo

Mateo 4:8-9 “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.

Satanás muestra una posición de orgullo y altivez a Jesús y le muestra un camino fácil, Satanás nunca cambia su fórmula, solo cambia de personas y escenarios. El quiso tocar el amor de Jesús por su Padre, diciéndole “si postrado me adorares”. Todos tenemos un ídolo que derrocar, el objetivo de satanás es mantenernos adorando ese ídolo, llevándonos a perder la confianza en el Padre. Jesús venció en todo, demostrándonos que a pesar de nuestra debilidad, él nos fortalece para vencer. Cristo obtuvo todo lo que satanás le mostró pero por el camino correcto, el camino de la obediencia.

Haciendo la voluntad del Padre, obtenemos bases sólidas, Jesús restauró nuestra relación con Dios, dándonos una posición alta y digna al ser llamados hijos de Dios. Debemos valorar la intimidad que Dios quiere tener con nosotros, cuando hablamos de intimidad hablamos de esa relación muy estrecha y de gran confianza que Dios anhela tener con nosotros. Creemos en un año de restauración pero Dios nos llama a un compromiso de obediencia y servicio de amor sincero.