Efesios 2:5-7 “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”.

Como hijos de Dios estamos en una constante guerra diariamente, es una batalla en nuestra mente, la cual, viene para traer actitudes y acciones contrarias a la voluntad de Dios. La batalla más importante que afrontamos, es la batalla de la fe y la esperanza, nadie está exento de ella, tanto, niños, jóvenes, adultos, ancianos cada día luchan diariamente, el hecho de que sirvamos a Dios no nos excluye. Para poder librar y salir victoriosos es necesario que seamos llenos de la palabra del Señor y conocer realmente quien es nuestro enemigo; todos tenemos un enemigo en común y no es nuestro hermano, no son los padres, familiares, compañeros de trabajo o el vecino, ni tampoco el mundo que busca seducirnos y atraernos a él. Este enemigo es quien rige el mundo, que es el príncipe de las tinieblas lucifer, tenemos que entender existe un mundo espiritual y tenemos que usar las armas correctas para poder pelear contra este mundo, si vencemos las dificultades en el mundo espiritual se va hacer real en lo natural.

Satanás fue expulsado del cielo, de allí su mayor envidia, su ataque es contra nosotros los hijos de Dios, su principal propósito es apartarnos del propósito divino por el cual Dios nos llamó, solo tenemos esta vida para vivir para el cielo y Él lo sabe, no podemos ser tan ligeros y pensar que él no puede robarnos la salvación, sí es cierto que Jesús compró nuestra salvación, pero también lo es que debemos cuidar nuestra salvación, luchando y peleando cada día. La queja, el desánimo, la frustración viene para que nuestro espíritu deje de alabar y de creer en la palabra de Dios, estamos en una guerra sin cuartel, no podemos dormirnos, ni descuidarnos.

Dios es un Dios fiel y está esperando la mejor disposición de nuestra alma y de nuestro espíritu la mejor actitud, como hijos de Dios, si vamos a conocer a nuestro enemigo primero debemos conocer a plenitud al Dios en quien creemos y a quien servimos. Jesús permanece y transciende a través de los siglos, ya no vivimos según la vieja naturaleza sino la nueva naturaleza creada en nosotros por medio de Cristo Jesús.

Apocalipsis 12:1-6“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días”.

Satanás contaminó con su pecado a la tercera parte de los ángeles del cielo, por esta razón fue expulsado de ese lugar junto con estos ángeles caídos, no obstante, también indujo el pecado en la raza humana, por lo tanto, le fue entregada la autoridad en la tierra; entonces la pelea es real y no podemos ignorar sus maquinaciones, satanás quiere derribar nuestra adoración y servicio a Dios, es primordial que nuestra vida este fundamentada en Cristo Jesús. Satanás es un jefe y padre que da pago injusto, si decidimos ir tras lo que el ofrece poco a poco nuestra provisión y bendición será cortada.

Se hace necesario que El Cristo que estamos dando a luz en la tierra sea sembrando en los corazones de las personas, ese Cristo ya nació en ti y en mí, llevémoslo a todos nuestro familiares y amigos y aun a los desconocidos para que todos puedan ser librados del dominio del pecado en sus vidas.

Apocalipsis 12:7-11 “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”.

La serpiente antigua sigue vigente, presentándose en todo lo que nos gusta y nos atrae, buscando nuestra debilidad, así como lo hizo con Eva en el Edén, ella viene con astucia queriendo entrar en nuestras familias, trabajos y entorno, con el propósito de que la queja se cuele en nuestro corazón. Tenemos armas con que pelear, el enemigo es satanás y peleamos para salvar nuestra familia, amigos, nación; también peleamos al servicio de aquel que murió y resucitó por amor a nosotros. Jesús nos afirma que la victoria es para ti y para mí.

Filipenses 3: 3-6 “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.

No podemos ver a cada persona como nuestro enemigo, ni vernos como el guerrero que viene a matar y juzgar al mundo entero, esto es lo que la religión muestra, condenación y juicio. Jesús es restauración, es paz, es sanidad para todo aquel que en Él cree; esta vida es muy corta comparado con eternidad que nos espera con Jesús.

I Tesalonicenses 5:14-15 “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos”.

Nuestra posición tiene que ser servir a Jesús, si vamos hablar la verdad tiene que ser llenos de paz y de misericordia; si vamos a exhortar a alguien tienen que ser con amor, estimando a nuestro hermano como superior a nosotros mismos, la corrección es necesaria para crecer, al igual que alentar y animar a nuestro hermano.

Hebreos 2:12-17 “Diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte, estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo”.

Tenemos que anunciar a todos a nuestro Señor Jesús, a todo aquel que se presente delante de nosotros. Jesús fue probado en todo y nunca pecó, venció la muerte para que hoy nosotros también podamos vencer y nos recuerda que es por su gracia y que vino para darnos victoria y esperanza, demostrando que si alguien que fue corrupto puede arrepentirse y volverse a Dios, que él no nos deja hundidos, sino que nos levanta, nos sana, nos anima y nos liberta. No servimos a un Dios lejano, todo lo que recibimos de parte de Dios es por su gracia y su gracia nos lleva a una vida eterna. No es por habilidad, ni talento, es su gracia la que nos sostiene y nos da la victoria en Cristo Jesús y un día alcanzaremos la mayor gracia que es una vida eterna con Él.