Santiago 3:13 “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre”. En cierta manera, ¿habrá sabios entre nosotros? Jesús ha depositado en su pueblo su sabiduría para que, con mansedumbre y buena conducta, quienes lo siguen puedan ser entendidos.

Dios no vino a establecer sistemas ni a sobreponer su pueblo con otros. Mandó a su hijo Jesús a romper toda cadena que ataba a la humanidad con el mundo, abrió camino para que todo aquel que crea en su Padre sea salvo por medio de la fe. Todo creyente mostrará su fe en Jesús a través de sus obras y buena conducta. Serán las obras las que hagan tangibles la fe que tenemos en Dios.

La sabiduría de Dios debe ser mostrada. Cada precio que pagamos en intimidad y oración al Padre, podrá ser mostrado a través de la buena conducta de nuestras obras. Cada día necesitamos la sabiduría de lo alto para enfrentar toda circunstancia que se presente. Podemos tener buenas acciones a través de nuestras obras, pero será nuestra mansedumbre la que nos ayudará a mantener firme nuestro testimonio.

Santiago 3: 14-16 “Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa”. Tenemos dos consejeros, la sabiduría de lo alto que nace de la manifestación de nuestras obras en buena conducta y la que nace de la amargura alojada en nuestro corazón. No nos detengamos a pelear por un puesto ni a pensar que no somos tomados en cuenta más que nuestro hermano, que nuestro corazón no sea lleno de esos celos amargos que podrían apartar nuestra mirada del cielo, incluso, alejarnos de Jesús. Solo la sabiduría que Dios nos da, traerá paz a nuestras vidas, por medio de ella, podremos caminar confiando y tener la firme convicción de que nuestro padre celestial está a nuestro lado.

El Espíritu Santo es quien cuida de nuestro corazón, nos ayuda a discernir si estamos obrando bien o mal. Nunca seamos de tropiezo a aquellos que vienen a la casa de Dios a aportar su tiempo, esfuerzo y vida para que el reino del padre siga creciendo. Nuestras obras deben ser diferentes a las que el mundo nos muestra, nosotros tenemos al más poderoso gigante que venció al mundo, su nombre es Jesús. El que tiene vida en el corazón, tendrá muchísima vida para inundar una nación. Venezuela necesita que hagamos tangible la fe que tenemos en Jesús a través de nuestras obras, buena conducta y mansedumbre.