Jesús es el único camino y verdad hacia una vida eterna. Jesús nos ha escogido y nos ha hecho aptos, más está en nosotros tomar la decisión de seguirle y creer en Él para levantarlo en cada área de nuestra vida. Cuando levantamos a Jesús a pesar de lo que veamos, sintamos o creamos. Él se encarga de levantar en nuestra vida todo lo que habíamos considerado perdido, ya sea un familiar, un negocio o algún problema que no tenía solución.


Lucas 9: 57-58 “Mientras caminaban, alguien le dijo a Jesús: Te seguiré a cualquier lugar que vayas. Jesús le respondió: Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza”.


Jesús muchas veces confronta el interés por el cual le seguimos, lo hace con el único fin de conocer si lo estamos haciendo con un corazón dispuesto y entregado a Él. No basta con solo seguirle sino buscar tener una relación íntima con el padre, conocerle y entregarse por completo a Él.


Solo Jesús puede darle vida a nuestro amor y multiplicarlo. Como personas tendemos a amar solo a aquellos que creemos que merecen ser amados por nosotros, pero Jesús rompió ese concepto en la cruz del calvario cuando se entregó por amor a una humanidad que no lo tenía en cuenta. Fue a través de su ejemplo que nos ayudó y enseñó a amar sin limitaciones, entendiendo que somos iguales a quienes nos rodean y como prójimos nos necesitamos unos a otros; solo un amor tan genuino como el de Jesús puede llenar nuestros vacíos y carencias.


Cada tormenta que llega a tu vida viene con el propósito de limpiarte y sacar todo aquello que te ha querido estancar. Lo que no hemos querido romper o sacar de nuestra vida Jesús lo aparta para que ahora su relación contigo no tenga barreras ni piedra que la haga tropezar. El mismo Jesús que una vez extendió su multiplicación hacia un pueblo, sanó y levantó a muchos que ya daban por perdidos, que cada día aumentó la fuerza de los débiles, ese mismo Jesús está contigo en medio de la tempestad, así como estuvo en medio de la barca con sus discípulos.


Entendamos que nuestra vida en Cristo es como la de los árboles, ellos cargan con frutos, pero cuando viene la tormenta, no serán sus frutos quienes los sacarán de ella sino la fuerza que tengan sus raíces. La base de nuestras raíces se sustenta en Jesús. La intimidad que desarrollemos con Jesús será aquella que nos ayude en el día malo. Mientras nos encarguemos de levantar a Jesús en nuestra vida, hogar y nación, veremos cambios en cada área donde le demos la gloria a Él.