“¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma?” Mateo 16:26. ¿De qué nos sirve tener riquezas, cuentas bancarias, grandes propiedades, éxito, grandeza y que nuestra alma se pierda? Dios nos aclara que no hay nada en este mundo que pueda comprar nuestra alma. Esto nos lleva a honrar y valorar, aún más y de manera significativa, el sacrificio de Jesús; que venció, logró y cumplió en la cruz por cada uno de nosotros.

A través de ese sacrificio, Dios nos coloca en un lugar de bendición donde no hay dudas, temor ni inconformidades, sino que es conforme a su grandeza, pensamientos, voluntad y amor; ese lugar es la Salvación. El mismo que fue perdido por el pecado de Adán, pero que fue rescatado por el sacrificio de Jesús en la cruz.

No lograremos alcanzar ese lugar pensando que, siguiendo con nuestra vida pasada, nuestros pecados o manteniendo una posición de falsa humildad, Dios nos va a reconocer. Dios reconocerá todo aquel que entiende que todo lo que es y lo que tiene proviene de Él y que está sostenido bajo su gracia y misericordia.

La salvación es individual pero no es egoísta ni sectarista, es general, es para todos. “Y pido para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” Filemón 1:6. En este verso, Pablo pedía por Filemón. Demandaba que todo lo que este dijera e hiciera tuviera el peso de todo el bien que la fe de Jesús da. Tenemos bien en nosotros por medio de Jesús, lo bueno que hay en nosotros de grandeza y de bendición, Dios lo exalta y lo aumenta por medio de nuestra participación de fe en Él.

Para asumir la posición de salvación y ocuparnos de ella, debemos entender que:

1. Tenemos que asegurarnos de hacer la paz con Dios: “Justificados pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro señor Jesucristo”. Romanos 5:1. Estar bien con Dios, en este sentido, asume cumplir sus mandamientos “Amar a Dios sobre todas las cosas” olvidar el pasado que nos agobiaba y ahora vivir en plena entrega a la voluntad de Dios. Él nos recibió cuando aceptamos su regalo más grande que fue, la salvación. Muchas veces, nuestros errores y pecados pueden traer vergüenza para con nosotros mismos, logrando así una desconexión con nuestro Padre Celestial ya que pensamos que, por nuestra suciedad, no podemos regresar a Jesús. Sin embargo, si caminamos en fe y entendemos que por medio de la voluntad de Dios tenemos una vida plena, estaremos cerca de Dios y de su presencia. Cuando aceptamos y vivimos el regalo de Dios que es su salvación, nos hacemos sus amigos. Ya que decidimos decirle ¡sí! a Jesús y no al pecado. Dios nos ve nuevos y como un vaso de honra por medio de su hijo Jesucristo.

2. Tenemos que permanecer pegados a la vid verdadera. “Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” Efesios 1:6. Fuimos aceptos por Dios por medio de su hijo Jesús. Somos los pámpanos del Edén de Dios y si queremos dar frutos dignos de Él, debemos estar pegados a la vida eterna que es Jesús. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conformes al Espíritu”. Romanos 8:1. Jesús venció todo lo que nos avergonzaba, ¡caminemos como nuevas criaturas por medio de Él!

3. Hay un poder creativo en nosotros. “Porque Dios es el que en nosotros produce el querer como el hacer, por su buena voluntad” Filipenses 2:13. Cree en el potencial de creatividad que Dios puso en ti. Jesús es el creador de todas las cosas, a pesar de saber que era ciento ciento hombre, El entendió lo que Dios derramo sobre El para hacer milagros, llevar la palabra y vencer al pecado. La palabra de Dios es creativa, ese mismo poder lo tenemos nosotros, cuidemos lo que hablamos y decimos. Pidamos a Dios que ponga en nosotros el querer como el hacer así como lo hizo con Jesús.

4. No permitamos que nuestras limitaciones ahoguen nuestras oportunidades. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4:13. No aceptemos que nuestras limitaciones decidan nuestras victorias o alcance. Peleemos contra cualquier circunstancia, adversidad e incapacidad que quiera detenernos, asumamos ahora que por medio de Jesús todo podemos lograrlo. En Él tenemos nuevas oportunidades, tiempo y espacio. No sigamos llevando nuestras cargas que son pesadas, dejémoslas en las manos de Jesús y tomemos la suya que es ligera y está cargada de su amor, misericordia, verdad y mansedumbre. Vivamos en Jesús, abracemos su gran y más preciado regalo para con nosotros, su Salvación.