Más que recibir un abrazo en la iglesia es salir de ella abrazando a Cristo. Nuestra confianza debe estar en Jesús. No hay otro nombre, persona, gobierno o lugar donde podamos estar confiados sino en Jesucristo.

Mateo 11:27 “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”

El tiempo de cambiar tu vida es de Dios, pero nosotros decidimos si El interviene o no.

Cuando eres sacudido, cuando viene satanás a decir que tu fe no vale, cuando con palabras bonitas busca engañarte diciéndote en la mente que hay otros caminos, Solo una mente alineada al Padre hará la diferencia.

El grado de intimidad con Dios ya que El que puede ordenar nuestra mente, nuestras ideas, esto hará la diferencia. Dios está por encima de todas las faltas y problemas que tengamos. Dios es muy superior a mi debilidad, la diferencia estará en la disposición que tenga de permitir que sea Dios quien nos liberte.

Dios nos pide que, para cambiar nuestro entorno, debemos tener la disposición de que Él tome el control de nuestras vidas y que pongamos toda nuestra confianza en El.

Tu entorno es todo aquello que tiene valor para ti, pero también incluye todo aquello que no tiene importancia para nosotros pero que puede afectar todo lo demás. Tu entorno va a afectar a tu familia, tu matrimonio y a tus hijos.

Nuestra confianza no debe estar en un gobierno, en un hombre, incluso, en una iglesia que solo busca su conveniencia, es decir, está solo pendiente de sus propias necesidades. Todo le fue entregado a Jesús por el Padre. Si les entregamos nuestra confianza a los hombres en algún momento la desecharan. Si confiamos en alguien ciegamente que sea en Jesús.

Dios con misericordia nos levanta. Siempre el ser humano hará excepciones, pero Jesús dice, venid a mi todos los que están trabajados y cargados. Jesús nos dice que vayamos a Él y le entreguemos nuestras cargas.

Por la victoria de Jesús en la Cruz, el orgullo de satanás es pisado todos los días. Todos los avances en la tierra han sido por medio del hombre, por eso Dios envió a su hijo en forma de hombre para morir por la humanidad.

Lucas 7:36-47 “Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama”.

Muchas veces queremos que, sin reconocer nuestros errores, sin humillarnos, y sin estar conscientes de la necesidad que tenemos de Jesús, Él se pasee por nuestro hogar, por nuestra familia, el trabajo. Cuanta arrogancia tenemos al ser altivos y orgullosos. Satanás quiere atarte de manos y pies, para que no creas que Jesús es el camino la verdad y la vida. Él es la respuesta.

Podemos tomar dos actitudes como cristianos: La actitud del fariseo, que solo buscaba que Jesús se sentara en la mesa, o la actitud de la mujer, que corrió a los pies de Jesús sin importarle gastar todo lo que tenía. Jesús nos espera con los brazos abiertos y nosotros debemos correr a esos brazos.