Como seres humanos necesitamos depositar nuestra fe en algo, necesitamos fuertemente creer, así sea para salir de situaciones, para cumplir sueños, vencer obstáculos y alcanzar victorias debemos posar la fe y nuestra esperanza en algo tangible. No nos vayamos por la tangente, corramos directamente a la fuente que es Jesús. Muchos posan su fe en un tiempo, en un lugar o una persona, pero Jesús fue, es y será el único que podrá consumar nuestra fe. Entendamos que el conflicto más grande o el más simple enrollo, cualquier cosa en la que nos hayamos metido ya Jesús lo llevó y padeció en la cruz.

Necesitamos enfocar nuestra fe en el lugar correcto. No pongamos nuestra fe en aquello que no padeció, murió o luchó por nosotros. El único que llevó nuestro oprobio y más densa oscuridad a la cruz fue y siempre será Jesús.

“Puesto nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:2.

Si la vanidad y la vanagloria nos hizo creer que teníamos todo y seríamos saciados, hoy mismo entendemos que Jesús llevó nuestra pobreza y aún nuestra altivez en la cruz. Venimos a la iglesia a conocer la voluntad del Padre y el carácter de Jesús. Ya que hemos enfocado nuestra fe en Jesús, entendemos ahora que hay que correr un camino, no para ser el más rápido sino para alcanzar una victoria. En ese caminar Jesús nos envió a montarnos en una barca llamada vida junto a todo aquello que nos rodea.

¿Qué pasa en nuestra barca? ¿Vemos el sol radiante o el arcoíris? Todo lo que escuchamos y vemos es contrario y adverso a lo que queremos, pero es allí donde nos tenemos que llenar de fe para no desmayar y así conquistar, vencer, alcanzar, obtener la victoria. Es allí donde Jesús se levanta y viene otra vez a nuestro corazón y espíritu para decirnos que Él está en medio de la tormenta, que Él está en la barca. Jesús nos pide que cobremos ánimo y renunciamos al temor porque Él es el autor de la fe en nuestras vidas y es el que viene a cumplir todos los sueños y a empujar nuestro propósito. No seamos como los discípulos que temieron en medio de la tormenta, solo Pedro se atrevió, a pesar de las dudas, a dar un paso de fe.

“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotado por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús”. Mateo 14:24-29.

Cuántos no se han detenido porque aparentemente Dios no les ha hablado o no les ha dicho audiblemente lo que deben hacer y por eso se quedan varados en esa barquita tambaleante, en esa zona de confort, cargado de miedos y sin ánimos de dar un paso o salir adelante, conformándose siempre con lo poco que tienen o lo vacío que están. Muchos esperan que la tormenta pase o que la barca se nivele para poder buscar de Jesús, ¡grave error! Es en medio de la tormenta que debemos buscar a Jesús porque ahí en la tribulación es que veremos la verdadera respuesta. No nos quedemos esperando que Dios mande la señal, salgamos a buscar la señal, demos pasos de fe hacia Jesús.

Demos pasos fe y esperanza para guiar a otros. Donde quiera que estemos sirvamos, no abusando de la gracia de Jesús sino bendiciendo a otros. Que nuestros pasos se conviertan en luz, que nuestros ojos y fe se mantengan posados en el único que puede hacer lo imposible en posible, en JESUS, a eso venimos a la iglesia; a conocer a Jesus.