Siempre queremos prepararnos para ciertas cosas en nuestras vidas, a veces son cosas que no sabemos o desconocemos. En toda circunstancia debemos valorar todo aprendizaje. Si Jesús delegó una responsabilidad a la iglesia es porque Dios confía en nosotros.


Apocalipsis 16:15 “He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza”.


Jesús viene como ladrón en la noche cuando nadie lo espera, cuando nadie lo necesita. Pero Él espera que velemos, que estemos atentos, que día a día lo busquemos y caminemos con Él.


La luz agradable es esa luz que no molesta, que no hace daño, que no busca brillar más que otros, sino la que es perfecta y alumbra el camino. Cuando recibes a Jesús es para alumbrar a otros, es una luz buena y viene porque velamos diariamente en Jesús. Dios nos manda a ser luz, pero no cualquier luz, sino aquella que no pueda quemar a otros sino alumbrarles el camino.


¿Cómo podremos llegar a las promesas de Dios si no lo estamos valorando a Él ni lo que nos ha entregado? Pedimos por nuestra casa, nuestra casa, cosas materiales, pero qué hay de Jesús y todo lo eterno que nos tiene preparado.


La iglesia primitiva no se diluía en la contienda o en la murmuración, sino que se reunían a orar con el Espíritu Santo, se apoyaban. El espíritu santo no habita donde hay enojo, ira, contienda y murmuración. No seamos acusadores, no seamos como satanás, el acusador. El amor fraternal es mayor que la pasión de un amor juvenil, por eso la palabra nos dice que tengamos un amor fraternal, ese amor que nos une y que nos permite ayudarnos a crecer.


Si Dios ya te redimió, entonces tus pecados vienen a ser borrados y ahora no son vergüenza. Dios nos entrega ese tesoro tan grande para que nos aferremos de Él. Dios quiere que tengamos una vida de victoria. Sea cual sea mi posición necesito velar, guardar por mi alma.


1 Tesalonicenses 5:1-11 “En cuanto a los tiempos y las ocasiones, no hace falta, hermanos míos, que yo les escriba. Ustedes saben perfectamente que el día del Señor llegará como ladrón en la noche; De repente, cuando la gente diga: “Paz y seguridad”, les sobrevendrá la destrucción, como le llegan a la mujer encinta los dolores, y no escaparán. Pero ustedes, hermanos, no viven en tinieblas, como para que ese día los sorprenda como un ladrón, sino que todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de la oscuridad, así que no durmamos como los demás, sino mantengámonos atentos y sobrios. Los que duermen, de noche duermen; los que se embriagan, de noche se embriagan; pero nosotros, los que somos del día, debemos ser sobrios, ya que nos hemos revestido de la coraza de la fe y del amor, y tenemos como casco la esperanza de la salvación. Dios no nos ha puesto para sufrir el castigo, sino para alcanzar la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que, despiertos o dormidos, vivamos unidos a él. Por lo tanto, anímense y edifiquense unos a otros, como en efecto ya lo hacen.”


Velar es más que un acto físico, aquel que vela, aquel que es luz, no será sorprendido, sino que esperará y anhelará a Jesús. Que realmente Jesús se regocije en medio de nuestros errores, saliendo de ellos y no volviendo a lo mismo.


Debemos animarnos unos a otros, así como hay un momento para exhortar, también habrán momentos para animar, de ver lo que otros hacen, de mostrar el amor fraternal, de mostrar la felicidad y el gozo que da el trabajo que otros hacen. Es muy fácil reconocer a los que están cerca de ti, pero también a los que trabajan, también a los que aunque no están con nosotros siempre, hacen un trabajo y sirven a Dios, a esos también hay que reconocerlos y animarlos.


El que trabaja sinceramente para el reino, es que el que vive sin aprovecharse de la ovejas, sino empujando al que Dios le dio para ayudarlo y guiarlo. Necesitamos velar por nuestra familia, por nuestro país y guardar nuestro corazón. Guardas tu corazón cerrando tus oídos a la murmuración, al chisme y a los cuentos de camino.


Jesús es paz, amor, fraternidad y entrega. La mayor recompensa y regalo te lo va dar Él.