Hay un peligro muy grande en la vida de cada cristiano y es vivir apartado de la gracia, podemos estar sumidos en actividades y compromisos pero si vivimos apartados de la gracia de Jesús nunca vamos a poder cumplir con nada de lo que hagamos.

Lucas 12:35 “Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas”.

Cuando recibimos a Jesús se enciende en nosotros una llama que antes no sabíamos que teníamos ni entendíamos, esa es la gracia. No podemos siempre pensar que la gracia es para el último momento de nuestras vidas, y mientras puedo utilizarla para mis deleites personales, confiando en que al final de todo el Señor nos salvará no importa lo que hagamos. Si en medio del tiempo de la gracia de Dios sobre nuestras vidas pisoteamos su voluntad corremos el riesgo de ser como el hombre que estaba al lado de Jesús en la cruz, crucificado, y que no se arrepintió porque la incredulidad se había arraigado en su corazón. La gracia no podrá operar cuando no haya arrepentimiento en nosotros.

No hay que ser perfectos para buscar a Dios, hay que buscar a Dios para ser perfectos. Es necesario entender a la gracia como el tesoro más preciado que Jesús nos dejó y que debemos valorar, aun cuando no éramos dignos ni de atar el calzado de sus pies Él vino y nos escogió para rescatarnos. Debemos cuidar el tiempo que Dios nos da para que honremos todo lo que ha hecho por nosotros. Debemos cada día aferrarnos a Jesús para poder honrar la vida que Él nos ha dado, para poder servirle. Se han delegado muchas responsabilidades sobre nosotros, y un día Dios nos pedirá cuentas de lo que hemos hecho con sus dones y con sus talentos; si nos entregó este cuerpo que es el templo del Espíritu Santo, nos preguntará qué hemos hecho con él, igual con nuestra familia, con nuestra iglesia, con nuestra nación.

Lucas 12:36 “y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida”.

Llamamos a salir a las calles cada día a predicar, pero cómo haremos esto si no podemos llevar a nuestro propio cuerpo a ceñir nuestra cintura y a encender nuestra lámpara. Jesús es quien impregna los lugares, pero primero debe habitar en los corazones. No podemos edificar a otros si no podemos edificarnos a nosotros mismos, debemos ser responsables y comprometidos con lo que Dios nos ha entregado.

Génesis 3:1-5 “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”.

Es de sabios ver el mal y apartarse, no podemos permitir que nuestro cuerpo nos desvíe de hacer la voluntad de Dios. Si ya Jesús llevó nuestros pecados y nuestras maldiciones no tenemos por qué repetirlos ni dejarlos tener espacio en nuestra vida. Si aparece en nuestra mente no permitamos que se arraigue en nuestro corazón.

Dios te va a demandar el compromiso que tú asumiste para con él, siempre podemos contar con la capacidad de multiplicar lo que Dios nos ha entregado siempre y cuando dependamos de la gracia de Jesús, no enterremos nuestros dones y talentos, más bien acerquémoslos a la gracia. Paguemos un precio por Jesús, valoremos la gracia que obtuvimos de Él al derramar su sangre en una cruz. No sigamos poniendo excusas a nuestras acciones, un pueblo entendido no se detiene por la condenación, no se sostiene por la amargura ni por la contienda. Permitamos que esa misma gracia nos levante y aparte de nosotros la duda y las mentiras para que podamos seguir sirviendo de todo corazón. Cuando nuestra mente se alinea a la voluntad de Dios nuestro corazón comienza a dar frutos. Jesús al alinear su mente con la voluntad del Padre nos dio esperanza de vida, una eternidad de gloria y felicidad, no hay nada más digno que algo o alguien te pueda ofrecer que se compare a lo que Jesús compró para ti.

Mateo 24:42 “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”.

Comprometámonos con Jesús a seguirle, a servirle y a dar frutos dignos de arrepentimiento, para levantar su nombre primero en nuestros corazones y así poder ser reflejo en nuestras casas, en las calles y en toda la nación.